OBSERVADOR | Breve: Washington refuerza su acercamiento económico a Argelia mientras aumenta la tensión diplomática sobre el Sáhara Occidental

Estados Unidos intensifica sus relaciones económicas con Argelia en un contexto marcado por la creciente tensión diplomática alrededor del Sáhara Occidental.

La Embajada de Estados Unidos en Argel ha destacado este lunes el fortalecimiento de las relaciones económicas entre Washington y Argelia tras una intensa semana de reuniones celebradas en Maryland y Washington dentro del programa SelectUSA, centradas en sectores estratégicos como energía, agricultura, tecnología, logística, industria y minería.

El mensaje llega en un momento especialmente sensible para la región, marcado por el endurecimiento de la posición estadounidense respecto al Sáhara Occidental y por el creciente respaldo diplomático de Washington al plan de autonomía marroquí tras los acontecimientos recientes alrededor de Smara.

Más allá del discurso oficial, el movimiento refleja una realidad geopolítica cada vez más visible: Estados Unidos intenta mantener simultáneamente una alianza estratégica reforzada con Marruecos y una relación económica estable con Argelia, principal apoyo regional del Frente Polisario.

En paralelo, algunos medios y comentaristas próximos al entorno marroquí intentan presentar los recientes contactos entre Washington y Argelia como una señal de que la cuestión saharaui estaría perdiendo centralidad dentro de determinadas dinámicas diplomáticas regionales. Sin embargo, Argelia continúa manteniendo oficialmente su respaldo al derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación y su reconocimiento de la República Árabe Saharaui Democrática.

En cualquier caso, el contexto actual refleja hasta qué punto el conflicto saharaui aparece cada vez más condicionado por equilibrios geopolíticos, intereses energéticos y relaciones estratégicas internacionales que van mucho más allá del propio territorio.

👉 FUENTE:
US Embassy Algiers

LA LECTURA DEL DÍA — El Observador Saharaui (10 de mayo de 2026)

El aniversario del Frente Polisario llega marcado por la creciente presión internacional para redefinir el conflicto del Sáhara Occidental desde parámetros geopolíticos y de seguridad.

El Frente Polisario y el nuevo intento de cerrar el conflicto saharaui desde fuera

Hay aniversarios que funcionan simplemente como conmemoraciones históricas. Y hay otros que llegan cargados de presente. El 10 de mayo de 2026 pertenece claramente a esta segunda categoría.

Más de medio siglo después del nacimiento del Frente Polisario, el conflicto del Sáhara Occidental atraviesa probablemente uno de los momentos políticos más delicados de las últimas décadas. No porque el pueblo saharaui haya desaparecido del tablero internacional, sino precisamente porque sigue ahí cuando muchos pensaban que el tiempo, el desgaste y la geopolítica terminarían borrándolo.

Eso es lo que explica buena parte de lo que estamos viendo estas semanas.

Las declaraciones de Estados Unidos, el endurecimiento del lenguaje diplomático occidental tras Smara, AFRICAN LION en Dajla, la presión creciente alrededor de la autonomía marroquí y la utilización cada vez más abierta de términos como “terrorismo” no son episodios aislados. Forman parte de un mismo movimiento político que empieza a resultar cada vez más visible: el intento de transformar una ocupación nunca reconocida internacionalmente en una normalidad diplomática aceptable.

Y precisamente ahí aparece el problema que muchas capitales occidentales parecen incapaces de resolver.

Porque el Sáhara Occidental no es simplemente un asunto de estabilidad regional ni una pieza más dentro de los nuevos equilibrios estratégicos del norte de África. Sigue siendo un territorio pendiente de descolonización reconocido como tal por Naciones Unidas. Y el Frente Polisario continúa existiendo porque la cuestión saharaui sigue sin resolverse más de cincuenta años después.

Ese es el dato político esencial que incomoda.

Por eso resulta tan significativo que, en pleno aniversario del Polisario, el debate internacional ya casi no gire alrededor del referéndum prometido durante décadas. La palabra “autodeterminación” sigue apareciendo formalmente en algunos discursos diplomáticos, pero el verdadero movimiento político se desplaza claramente hacia otro lugar: convertir la autonomía marroquí en la única salida admisible y presentar cualquier resistencia a ese escenario como un obstáculo para la estabilidad regional.

La lógica es transparente. Primero se vacía políticamente el conflicto. Después se transforma en una cuestión de seguridad. Finalmente se normaliza la ocupación como un hecho irreversible.

Lo que ocurre es que la historia raramente funciona de forma tan simple.

Porque si algo demuestra precisamente la existencia misma del Frente Polisario en 2026 es que ni la ocupación, ni el paso del tiempo, ni la presión internacional han conseguido eliminar la cuestión nacional saharaui. Al contrario. Cada intento de cerrar el conflicto desde fuera sin abordar realmente el derecho de autodeterminación vuelve a reabrir la misma contradicción política que lleva más de medio siglo atravesando el Sáhara Occidental.

Y probablemente ésa sea la gran realidad que explica este aniversario.

El Frente Polisario no llega a este 10 de mayo en su momento más cómodo. La presión internacional es real. El contexto geopolítico se ha endurecido claramente. Y las grandes potencias parecen cada vez más dispuestas a priorizar intereses estratégicos sobre legalidad internacional.

Pero precisamente por eso este aniversario tiene hoy tanta carga política.

Porque recuerda que el conflicto saharaui sigue existiendo. Que el pueblo saharaui continúa reclamando decidir su futuro. Y que medio siglo después todavía hay una pregunta que nadie ha conseguido borrar completamente del escenario internacional: quién tiene realmente derecho a decidir el destino del Sáhara Occidental.

Carlos C. García

OBSERVADOR | Breve: análisis compara la autonomía marroquí en el Sáhara Occidental con el precedente de Eritrea

Un análisis compara la autonomía marroquí en el Sáhara Occidental con el precedente histórico de Eritrea y cuestiona su viabilidad política y jurídica.

Un extenso análisis publicado por el profesor Jorge Alejandro Suárez Saponaro cuestiona el proyecto marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental y lo define como una “solución neocolonial” orientada a legitimar la ocupación y consolidar el control sobre los recursos estratégicos del territorio.

El autor, integrante del Centro de Estudios del Sahara Occidental de la Universidad de Santiago de Compostela, sostiene que la creciente presión internacional para imponer la autonomía marroquí recuerda al precedente histórico de Eritrea bajo tutela etíope, donde un régimen autonómico terminó sirviendo como antesala de una anexión definitiva. El trabajo vincula además el respaldo occidental a Marruecos con intereses geopolíticos, militares y económicos ligados a recursos estratégicos, rutas atlánticas y competencia internacional en África.

El análisis aparece además en un momento especialmente sensible, marcado por AFRICAN LION, Smara y la creciente presión diplomática impulsada por Washington y distintos aliados occidentales para consolidar la autonomía marroquí como horizonte político dominante alrededor del conflicto saharaui.

Uno de los elementos más interesantes del texto es precisamente la comparación histórica con Eritrea: un proceso en el que una autonomía presentada inicialmente como fórmula de estabilidad terminó derivando en una anexión progresiva, favorecida por intereses geopolíticos internacionales y por la ausencia de garantías reales para el ejercicio efectivo de la autodeterminación. El autor advierte de que, en el caso saharaui, la imposición de una solución cerrada podría no resolver el conflicto, sino prolongar las dinámicas de tensión y resistencia en el Magreb.

👉 ARTÍCULO COMPLETO:
Sahara Occidental: el proyecto de régimen de autonomía marroquí como solución neocolonial

OBSERVADOR | Cuando el Sáhara Occidental deja de ser noticia… pero no conflicto

El Sáhara Occidental sigue marcado por guerra, presos políticos y bloqueo diplomático aunque cada vez ocupe menos espacio en la agenda internacional.

Hay conflictos que desaparecen porque se resuelven. Y hay otros que simplemente dejan de ocupar espacio en los titulares sin que nada esencial cambie sobre el terreno. El Sáhara Occidental pertenece desde hace tiempo a esta segunda categoría.

Lo ocurrido en los últimos días en la ciudad saharaui de Smara, las nuevas huelgas de hambre de presos políticos saharauis o las advertencias sobre el deterioro regional en el Sahel apenas han logrado alterar esa dinámica de invisibilidad progresiva que rodea al conflicto desde hace años. No porque no sucedan cosas. Precisamente el problema es el contrario: siguen sucediendo demasiadas.

La cuestión saharaui parece haberse instalado en una especie de normalidad diplomática donde el bloqueo permanente ya casi no provoca reacción internacional. El referéndum de autodeterminación previsto por Naciones Unidas continúa paralizado, la MINURSO sigue sin capacidad para modificar la situación de fondo y el conflicto armado reactivado en 2020 apenas encuentra reflejo estable fuera de medios especializados o espacios militantes de solidaridad.

Mientras tanto, sobre el terreno continúan coexistiendo guerra de baja intensidad, presos políticos, tensiones regionales, vigilancia militar y una población refugiada que lleva casi medio siglo esperando una solución. Pero el paso del tiempo ha generado otro fenómeno quizá aún más preocupante: el acostumbramiento internacional al conflicto.

En otros momentos, episodios como los registrados recientemente en Smara habrían ocupado un espacio mucho mayor en el debate político y mediático. Hoy, en cambio, apenas logran romper durante unas horas el flujo informativo antes de volver a desaparecer bajo el peso de otras crisis internacionales consideradas más urgentes o estratégicamente prioritarias.

Ese desplazamiento progresivo del Sáhara Occidental fuera de la agenda internacional no significa, sin embargo, que el conflicto haya perdido importancia. Más bien refleja hasta qué punto la comunidad internacional parece haber asumido la gestión indefinida del problema como sustituto de una solución real.

Mientras el norte de África y el Sahel atraviesan una etapa de creciente inestabilidad política y militar, el Sáhara Occidental continúa funcionando como uno de los grandes conflictos no resueltos de la región. Y, sin embargo, sigue siendo tratado demasiadas veces como una cuestión secundaria, congelada o simplemente aplazada.

Quizá ahí resida una de las mayores paradojas de la situación actual: el conflicto no ha desaparecido. Lo que poco a poco parece estar desapareciendo es la capacidad internacional de mirarlo de frente.

Carlos C. García – Observador Saharaui

EL OBSERVADOR SAHARAUI | Del proceso de descolonización a la negociación condicionada: qué está cambiando en el Sáhara Occidental

En las últimas semanas, la actualidad del Sáhara Occidental ha vuelto a llenarse de señales que, en apariencia, apuntan a un cierto dinamismo político. Reuniones diplomáticas, contactos entre las partes, revisiones institucionales y un discurso cada vez más insistente sobre la existencia de una “oportunidad” para avanzar en la resolución del conflicto. A primera vista, podría interpretarse como un intento serio de desbloquear una situación enquistada durante décadas.

Sin embargo, una lectura más detenida de estos movimientos permite apreciar que lo que está en juego no es únicamente la reactivación del proceso, sino algo más profundo: una transformación del marco en el que ese proceso se desarrolla.

El Sáhara Occidental ha sido, desde su inclusión en la lista de territorios no autónomos de Naciones Unidas, un caso de descolonización pendiente, cuyo eje jurídico y político se ha articulado en torno al derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui. Este principio ha sido reiterado de forma constante en la doctrina de la ONU y ha constituido, al menos sobre el papel, el fundamento del proceso de solución.

Sin embargo, la dinámica actual apunta a un desplazamiento progresivo de ese marco. La cuestión saharaui parece estar transitando desde un proceso de descolonización basado en el derecho internacional hacia un escenario de negociación política condicionado por factores geopolíticos.

En este cambio, el papel de Estados Unidos resulta determinante. Presentado como mediador, su implicación va mucho más allá de la facilitación de contactos. Estados Unidos impulsa el proceso, fija los tiempos y, sobre todo, define el terreno en el que se desarrolla la negociación. La propuesta de autonomía marroquí no aparece como una opción más dentro de un abanico de posibles soluciones, sino como el punto de partida sobre el que se pretende construir cualquier acuerdo.

Esta orientación introduce un desequilibrio estructural en el proceso. Cuando el marco de discusión está previamente delimitado y el resultado aceptable se perfila de antemano, la lógica de la mediación se ve sustituida por la de la negociación condicionada.

A ello se suma una presión diplomática creciente sobre Argelia, actor clave en el equilibrio regional, así como una movilización más amplia de apoyos internacionales en torno a la propuesta marroquí. Este movimiento no responde tanto a una evolución jurídica del conflicto como a una reconfiguración de alianzas en un contexto regional marcado por intereses estratégicos, energéticos y de seguridad.

En paralelo, el papel de Naciones Unidas aparece progresivamente debilitado. La revisión de la MINURSO, que en teoría debería servir para reforzar su capacidad de actuación, se inscribe en una dinámica que no cuestiona el bloqueo de su mandato original. La misión fue creada para organizar un referéndum de autodeterminación, pero tres décadas después su función se ha reducido esencialmente a la observación de un alto el fuego roto, sin mecanismos efectivos para impulsar una solución.

Este desplazamiento institucional tiene consecuencias directas sobre la naturaleza del conflicto. La centralidad del derecho internacional y del principio de autodeterminación cede terreno frente a una lógica de gestión política en la que los equilibrios de poder pesan más que las bases jurídicas.

Sin embargo, este cambio de enfoque no altera los elementos esenciales de la cuestión saharaui. El territorio sigue siendo considerado por Naciones Unidas como un territorio pendiente de descolonización. El pueblo saharaui continúa sin haber ejercido su derecho a decidir su futuro. Y sobre el terreno, la realidad sigue marcada por la ocupación, la represión y el exilio.

La aparente aceleración del proceso no responde, por tanto, a una resolución del conflicto, sino a su redefinición. Se construye la idea de que existe una salida posible en un horizonte cercano, pero esa salida se articula sobre un marco que limita desde el inicio las opciones reales.

En este contexto, la cuestión central ya no es únicamente si el proceso avanza o no, sino en qué dirección lo hace y bajo qué condiciones.

Porque un proceso de descolonización no puede resolverse sustituyendo el derecho a la autodeterminación por una solución predefinida.

Puede, en cambio, transformarse en otra cosa.

Y eso es, precisamente, lo que empieza a vislumbrarse.

LA LECTURA DEL DÍA — El Observador Saharaui (5 de mayo de 2026)

Hoy, la actualidad del Sáhara Occidental confirma una tendencia que se viene consolidando en las últimas semanas: el conflicto se está desplazando progresivamente del terreno jurídico al terreno político, en un proceso en el que el papel de los actores internacionales adquiere un peso cada vez mayor.

Las informaciones sobre la revisión de la MINURSO, las nuevas rondas de contactos diplomáticos y la reactivación del diálogo entre las partes apuntan a un intento de relanzar el proceso político. Sin embargo, más allá de esa apariencia de dinamismo, lo que se perfila es un cambio de enfoque: de un proceso de descolonización basado en el derecho internacional hacia un escenario en el que priman los equilibrios geopolíticos.

En este contexto, el papel de Estados Unidos resulta central. Presentado como mediador, su actuación se está configurando en realidad como un factor determinante en la definición del marco de negociación. No solo impulsa los contactos y fija los tiempos, sino que también orienta el resultado hacia una solución concreta, con la propuesta de autonomía marroquí como punto de partida. Esto introduce un elemento de desequilibrio estructural en el proceso que condiciona desde el inicio cualquier posibilidad de acuerdo.

Esta dinámica coincide, además, con una progresiva dilución del papel de Naciones Unidas. La revisión de la MINURSO, lejos de reforzar su mandato original, parece inscribirse en una lógica de adaptación a un escenario en el que el margen de actuación del organismo internacional se reduce, mientras el protagonismo se desplaza hacia iniciativas de carácter bilateral o impulsadas por actores externos.

Mientras tanto, sobre el terreno, la realidad apenas cambia. Las denuncias de represión en los territorios ocupados, la situación de los presos políticos saharauis y las dificultades cotidianas de la población siguen configurando un escenario marcado por la ausencia de avances sustanciales.

En paralelo, otras dimensiones del conflicto continúan activas. El debate político en España sobre la nacionalidad saharaui, las iniciativas culturales y la actividad de la sociedad civil muestran que la cuestión saharaui no se limita al ámbito diplomático, sino que se expresa también en espacios sociales, culturales y jurídicos que contribuyen a mantener viva la reivindicación.

El contraste entre ambos planos es evidente. Por un lado, se intensifica la actividad internacional y se construye la idea de una posible solución próxima. Por otro, los elementos esenciales del conflicto permanecen inalterados.

En ese contexto, la cuestión clave no es tanto si el proceso se mueve, sino en qué dirección lo hace y bajo qué condiciones.

LA LECTURA DEL DÍA — El Observador Saharaui (4 de mayo de 2026)

Análisis del día sobre el Sáhara Occidental: MINURSO, negociaciones, ley de nacionalidad en España y claves del momento actual.

Hoy, la actualidad del Sáhara Occidental no se concentra en un solo titular, sino en varias líneas que, juntas, permiten entender mejor el momento que atraviesa el conflicto.

NOTICIAS DEL Sáhara Occidental del día de hoy

En el plano internacional, empiezan a perfilarse movimientos que conviene observar con atención. Las declaraciones del representante del Frente Polisario ante la ONU, Sidi Mohamed Omar, confirman que se han abierto contactos diplomáticos en el marco de la resolución 2797 y que el proceso entra en una fase inicial, aún sin resultados. No es un avance decisivo, pero sí una señal de que el escenario puede estar cambiando. Al mismo tiempo, la revisión del mandato de la MINURSO vuelve a situarse en el centro del debate, en un contexto donde se discute no solo su continuidad, sino su papel real.

A este marco se suma un elemento geopolítico que empieza a asomar en algunos análisis: el intento de introducir soluciones externas al conflicto bajo fórmulas aparentemente “pragmáticas”. Algunas informaciones que apuntan a posibles rediseños del mapa humano de los campamentos o a presiones sobre Argelia deben leerse con cautela, pero también como parte de una dinámica en la que el Sáhara Occidental vuelve a insertarse en un tablero más amplio.

En paralelo, el foco se desplaza hacia España. La ley de nacionalidad saharaui vuelve a activarse en el Congreso con negociaciones en marcha para intentar desbloquearla. No es un debate menor: afecta directamente a miles de personas y conecta con una cuestión de fondo que sigue sin resolverse, la responsabilidad jurídica de España. La exclusión reciente de los saharauis del proceso de regularización ha reavivado ese malestar y ha vuelto a poner sobre la mesa una anomalía difícil de justificar.

Pero la jornada también deja otra lectura, menos institucional y más humana. Desde los campamentos, el cierre del FiSahara ha vuelto a mostrar la capacidad del pueblo saharaui para sostener espacios de cultura, memoria y proyección internacional. No es solo un festival: es una forma de seguir existiendo en el plano simbólico y político. En esa misma línea se sitúan los relatos personales, las iniciativas solidarias o los testimonios que recuerdan que detrás de cada decisión política hay vidas concretas atravesadas por la espera.

Entre todos estos elementos aparece una constante. El Sáhara Occidental sigue siendo un conflicto en el que conviven tres tiempos distintos: el de la diplomacia, que se mueve lentamente; el de la política, condicionado por equilibrios externos; y el de las personas, que no puede esperar.

Las próximas semanas pueden ser relevantes en dos frentes. Por un lado, la evolución de las conversaciones vinculadas a la MINURSO y el papel que finalmente se le quiera atribuir. Por otro, el recorrido de la ley de nacionalidad en el Congreso, donde podrían definirse mayorías que hasta ahora no existían.

Nada está cerrado.

Pero tampoco está quieto.

Nada cambia en el Sáhara Occidental: las señales de hoy lo confirman – EL OBSERVADOR SAHARAUI

Nada cambia en el Sáhara Occidental. La actualidad del día confirma el bloqueo del conflicto pese a la actividad política y social.

La actividad política e institucional se mantiene, pero sin avances reales en un proceso de descolonización que sigue bloqueado.

La actualidad del Sáhara Occidental vuelve a confirmar una constante que atraviesa el conflicto desde hace años: existe movimiento en distintos niveles —institucional, social y diplomático—, pero ese movimiento no se traduce en avances políticos efectivos. El escenario permanece esencialmente inmóvil.

El Primero de Mayo ha vuelto a situar en primer plano la situación de los trabajadores saharauis, tanto en los campamentos de refugiados como en las zonas ocupadas. Las denuncias sobre marginación, ausencia de derechos laborales y represión no solo persisten, sino que reflejan un problema estructural: la prolongación de un contexto político que impide cualquier normalización real de la vida económica y social del pueblo saharaui.

En paralelo, el Sáhara Occidental reaparece de forma intermitente en el debate político, especialmente en España y en determinados espacios internacionales. Sin embargo, estas apariciones no responden a una estrategia sostenida ni a una voluntad de resolución, sino a dinámicas puntuales que rara vez desembocan en decisiones con impacto real. Se habla del conflicto, pero no se actúa sobre sus elementos centrales.

Pero más allá del ámbito europeo o de Naciones Unidas, la jornada deja también una señal significativa en el plano africano. En el seno del Parlamento Panafricano, la reciente sesión celebrada en Midrand ha evidenciado una realidad política difícil de ignorar: la presencia activa de la República Saharaui en las instituciones de la Unión Africana y su capacidad para competir —y ganar— en espacios institucionales donde Marruecos también participa.

Este hecho no es menor. Refleja una contradicción persistente en la posición marroquí: mientras sostiene internacionalmente una narrativa de soberanía exclusiva sobre el territorio, en el marco africano comparte estructuras, procesos y votaciones con la representación saharaui. No se trata solo de una cuestión simbólica, sino de un dato político que ilustra la complejidad real del conflicto más allá de los discursos.

En este sentido, la experiencia acumulada en el propio proceso de Naciones Unidas resulta reveladora. Figuras como James Baker o Christopher Ross ya evidenciaron en su momento los límites estructurales del actual marco diplomático. Sus propuestas y valoraciones posteriores coinciden en un punto clave: el problema del Sáhara Occidental no radica en la ausencia de marco jurídico, sino en la falta de voluntad política para aplicarlo.

El principio de autodeterminación sigue siendo el eje formal del proceso, respaldado tanto por Naciones Unidas como por decisiones judiciales internacionales. El Sáhara Occidental continúa inscrito como territorio pendiente de descolonización, y tribunales como el Tribunal de Justicia de la Unión Europea han reafirmado en reiteradas ocasiones su carácter “distinto y separado” de Marruecos. Sin embargo, este andamiaje jurídico no se traduce en avances políticos efectivos.

Este desfase entre legalidad y acción política no es menor. Apunta a una gestión del conflicto basada en su contención más que en su resolución. La estabilidad se administra, pero la solución se pospone.

La lectura de hoy, en este contexto, resulta clara: el Sáhara Occidental sigue activo, pero políticamente congelado. Y esa congelación, lejos de ser neutral, consolida una situación que el derecho internacional sigue considerando pendiente de resolución.

EL OBSERVADOR SAHARAUI

LA LECTURA DEL DÍA — redes y prensa sobre el Sáhara Occidental (30 de abril de 2026)

Análisis de prensa del Sáhara Occidental: España, EE.UU., Canadá y el relato mediático del conflicto hoy.

Por Carlos C. García (Plataforma NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL)

Hoy, la actualidad del Sáhara Occidental no se concentra en una sola noticia dominante.
Lo que aparece es algo más interesante: un conjunto de señales que, juntas, permiten entender hacia dónde se mueve —o se intenta mover— el conflicto.


España: cuando la nacionalidad deja de ser el centro

Uno de los enfoques más relevantes del día lo aporta El Independiente, al recoger la posición del Frente Polisario:
👉 no se reclama la nacionalidad española como objetivo, sino la conclusión del proceso de descolonización.

Este matiz cambia el marco del debate en España.
La ley en discusión en el Congreso deja de ser el punto de llegada y pasa a ser una consecuencia de algo más profundo.

🔎 Leer más:
https://www.elindependiente.com/internacional/2026/04/30/el-frente-polisario-no-le-reclama-a-espana-la-nacionalidad-para-los-saharauis-solo-exigimos-su-responsabilidad-de-concluir-el-proceso-de-descolonizacion/

En paralelo, elDiario.es amplía esa tensión política con las declaraciones de Bucharaya Hamudi, que cuestiona la coherencia del Gobierno español en relación con el Sáhara Occidental.

🔎 Leer más:
https://www.publico.es/internacional/valores-democraticos-ensenan-europa-aplican-saharauis.html


Estados Unidos: presión sin cambio de marco

Las agencias sitúan hoy a Estados Unidos como actor activo en el escenario diplomático.

EFE recoge las declaraciones de Christopher Landau, que insiste en una solución “pacífica” pero también “en un plazo razonable”, en plena gira por Argelia y Marruecos.

🔎 Leer más:
https://efe.com/mundo/2026-04-29/eeuu-solucion-pacifica-sahara/

Sin embargo, más allá del tono, no hay modificación sustancial del marco político.


Canadá y el efecto dominó diplomático

Otra de las novedades destacadas del día es el posicionamiento de Canadá, que varios medios —Europa Press, Infobae o HuffPost— recogen como un respaldo al plan de autonomía marroquí.

🔎 Leer más:
https://www.infobae.com/espana/2026/04/29/canada-acepta-el-plan-de-autonomia-de-marruecos-para-el-sahara-occidental/?outputType=amp-type

Este movimiento no cambia el marco jurídico del conflicto, pero sí contribuye a una tendencia:
👉 la acumulación de apoyos políticos en torno a una solución concreta, frente al enfoque del referéndum defendido por el Frente Polisario.


Sociedad civil: lo que permanece cuando baja el foco político

Mientras tanto, el FiSahara sigue generando cobertura en medios como ABC o Infobae, consolidándose como uno de los espacios más estables de visibilidad internacional del pueblo saharaui.

🔎 Leer más:
https://www.abc.es/espana/cine-campamentos-refugiados-saharauis-motivo-19a-edicion-20260429183335-nt.html

🔎 Más:
https://www.infobae.com/america/agencias/2026/04/29/campamentos-de-refugiados-saharauis-acogen-festival-de-cine-fisahara-tras-2-anos-de-paron/

A ello se suman iniciativas locales, actividades solidarias y dinámicas culturales que no marcan agenda política…
pero que sostienen la continuidad del conflicto en el plano social.


Cierre: lo que realmente se está moviendo

Hoy no hay un giro claro en el conflicto del Sáhara Occidental.
Pero sí hay una convergencia de dinámicas que merece atención:

👉 España vuelve a enfrentarse a su responsabilidad de fondo
👉 Estados Unidos intenta acelerar el proceso sin cambiar sus bases
👉 nuevos actores internacionales se posicionan
👉 y el relato mediático se vuelve más disputado

Y en medio de todo eso, el elemento esencial permanece sin resolver:
el derecho del pueblo saharaui a decidir su futuro.

Sáhara Occidental: los drones marroquíes en el centro de una nueva forma de guerra sin presencia terrestre

El uso de drones en el Sáhara Occidental se consolida como parte de una nueva forma de guerra sin presencia terrestre.

Por Carlos C. García

El uso de drones en el Sáhara Occidental no es un fenómeno aislado ni anecdótico. Forma parte de una evolución más amplia de los conflictos en el norte de África y el Sahel, donde la proyección de fuerza sin presencia terrestre se está consolidando como una herramienta central.

Un reciente análisis de Akram Kharief, publicado por Rosa Luxemburg Stiftung y analizado por NO TE OLVIDES DEL SAHARA OCCIDENTAL, sitúa el caso saharaui dentro de este patrón regional: ataques a distancia, identificación de objetivos desde el aire y ausencia de verificación independiente sobre el terreno.

Un escenario documentado: ataques y víctimas

Los datos más sistemáticos sobre el Sáhara Occidental proceden de la Oficina Saharaui de Coordinación de la Acción contra las Minas (SMACO). Según sus informes, desde la reanudación de las hostilidades en noviembre de 2020 se han documentado decenas de ataques con drones marroquíes contra civiles, con centenares de víctimas.

Algunas estimaciones hablan de más de 90 ataques y cerca de 300 víctimas civiles, incluidas aproximadamente un centenar de muertes.

Otros informes más recientes sitúan la cifra en más de 160 víctimas en ataques documentados en territorios al este del muro.

El perfil de las víctimas es relevante: comerciantes en rutas transfronterizas, mineros artesanales, pastores nómadas o transportistas. Es decir, población civil que opera en espacios de baja densidad institucional.

El factor clave: ausencia de control terrestre

El elemento que distingue el caso saharaui no es únicamente el uso de drones, sino el contexto en el que se emplean.

Al este del muro —una barrera militar de más de 2.700 kilómetros— Marruecos no dispone de presencia terrestre efectiva. Esto implica que la identificación de objetivos depende en gran medida de vigilancia aérea, sin verificación directa sobre el terreno.

Este patrón no es exclusivo del Sáhara Occidental. En Mali, por ejemplo, investigaciones de Naciones Unidas sobre el ataque de Bounti (2021) mostraron cómo la ausencia de tropas sobre el terreno condicionó la identificación del objetivo, con víctimas civiles documentadas.

Pero en el caso saharaui, esa ausencia es estructural, no puntual.

Drones y cambio de paradigma militar

Desde 2020, tras la ruptura del alto el fuego, el conflicto ha evolucionado hacia una guerra de baja intensidad marcada por el uso de drones, que ha reforzado la superioridad tecnológica marroquí.

Este cambio tiene implicaciones estratégicas:

  • Permite ataques en profundidad sin exposición de tropas
  • Amplía el radio de acción sobre zonas remotas
  • Reduce el coste político interno de las operaciones
  • Dificulta la atribución y la rendición de cuentas

En paralelo, Marruecos ha reforzado su capacidad militar mediante la adquisición de drones de distintos proveedores internacionales, integrándolos en su estrategia de control del territorio.

Impacto sobre el territorio y la población

Más allá de las cifras, los informes coinciden en señalar efectos estructurales:

  • Alteración de rutas comerciales y de movilidad
  • Riesgo creciente para actividades económicas como la minería artesanal
  • Desplazamiento de población en zonas próximas
  • Destrucción de vehículos, ganado e infraestructuras básicas

Según SMACO, los ataques han contribuido incluso a desplazamientos masivos de población y a la pérdida de medios de subsistencia en comunidades nómadas.

Este impacto no responde únicamente a operaciones militares puntuales, sino a una transformación del espacio en el que se desarrolla la vida civil.

Un patrón regional más amplio

El análisis de Kharief encuadra el caso saharaui dentro de una lógica común en el Sahel y el norte de África:

  • Uso de drones en zonas con débil presencia estatal
  • Identificación de objetivos basada en comportamiento observado desde el aire
  • Escasa o nula supervisión independiente
  • Dificultad para investigar ataques y establecer responsabilidades

En este contexto, el Sáhara Occidental aparece como uno de los casos más claros de aplicación continuada de este modelo.

Una dimensión poco visible del conflicto

El conflicto del Sáhara Occidental suele analizarse en términos diplomáticos o jurídicos: Naciones Unidas, resoluciones, procesos de negociación.

Sin embargo, sobre el terreno se consolida otra realidad: una dinámica militar en la que el control del espacio no se ejerce solo mediante presencia física, sino también a través de vigilancia y capacidad de ataque a distancia.

Esa dimensión, menos visible, es la que empieza a documentarse con mayor precisión en informes recientes.

Y es, probablemente, una de las claves para entender la evolución actual del conflicto.