Nacionalidad saharaui: qué puede cambiar realmente en España y qué sigue sin resolverse

El debate sobre la nacionalidad para los saharauis ha vuelto al Congreso y se ha situado en el centro de la agenda política. Sin embargo, más allá del titular, la cuestión clave sigue siendo qué puede cambiar realmente para los saharauis y qué aspectos de fondo continúan sin abordarse.

La reactivación de la iniciativa sobre la nacionalidad para los saharauis nacidos bajo administración española ha abierto una expectativa política evidente. Por primera vez en años, el Congreso vuelve a debatir una cuestión directamente vinculada con la relación histórica y jurídica entre España y el Sáhara Occidental.

En términos prácticos, la medida podría facilitar el acceso a la nacionalidad española a una parte de la población saharaui, especialmente a quienes nacieron durante la etapa en la que el territorio era considerado provincia española. Se trataría, en ese sentido, de una respuesta parcial a una situación jurídica que sigue generando inseguridad y desigualdad.

Sin embargo, el alcance real de la iniciativa es limitado. La concesión de la nacionalidad no resuelve la cuestión central del Sáhara Occidental como territorio pendiente de descolonización, ni sustituye las obligaciones jurídicas derivadas de ese proceso. Es, en todo caso, una medida de carácter interno que actúa sobre las consecuencias, pero no sobre la causa.

El propio debate político refleja esa tensión. Mientras algunas fuerzas lo presentan como un avance en derechos, otras voces —incluidas las saharauis— insisten en que el eje principal no es la nacionalidad, sino la responsabilidad de España en la conclusión del proceso de descolonización.

En paralelo, decisiones recientes como la exclusión de los saharauis en determinados procesos de regularización han reactivado el debate sobre el tratamiento jurídico diferenciado que reciben. Esta contradicción —entre reconocimiento parcial de derechos y limitaciones prácticas— vuelve a situar el foco en la falta de una política coherente.

En este contexto, la iniciativa en el Congreso abre una puerta, pero también evidencia sus límites. Puede mejorar situaciones individuales, pero no altera el marco político ni jurídico del conflicto.

Así, la pregunta clave no es solo quién puede obtener la nacionalidad española, sino qué papel está dispuesto a asumir España en relación con el Sáhara Occidental. Y esa cuestión, por ahora, sigue sin respuesta.

Carlos C. garcía – Plataforma NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL

Sáhara Occidental: el preso político Naâma Asfari inicia una huelga de hambre en la cárcel de Kénitra

El preso político saharaui Naâma Asfari inicia una huelga de hambre para exigir la aplicación de las recomendaciones de la ONU sobre su detención.

Hoy, 30 de abril de 2026, el preso político saharaui Naâma Asfari, miembro del grupo de Gdeim Izik, ha iniciado una huelga de hambre de advertencia de 48 horas en la prisión central de Kénitra, en Marruecos, según ha informado la Liga para la Protección de los Presos Saharauis en las Cárceles Marroquíes.

La organización ha señalado que esta acción podría intensificarse en los próximos días. En caso de que sus reivindicaciones no sean atendidas, Asfari tiene previsto iniciar una huelga de hambre indefinida a partir del 10 de mayo.

La protesta se produce en un contexto marcado por la falta de respuesta a las recomendaciones de Naciones Unidas sobre su situación. En abril de 2023, el Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria emitió un dictamen considerado “histórico”, en el que se señalaba el carácter arbitrario de la detención de Asfari y del resto de miembros del grupo de Gdeim Izik. Tres años después, según denuncian las organizaciones saharauis, esas recomendaciones siguen sin aplicarse.

La Liga saharaui ha explicado que esta huelga de hambre busca “romper el silencio y la indiferencia sistemática” en torno a la situación de los presos políticos saharauis. En este sentido, subraya que la acción pretende llamar la atención de la comunidad internacional, en particular de Naciones Unidas y de los mecanismos encargados del seguimiento de estos casos.

Según la misma fuente, la decisión de recurrir a una huelga de hambre indefinida responde a la necesidad de hacer frente a una situación que califican de injusta e ilegal, y de recordar a las autoridades marroquíes su responsabilidad jurídica en la aplicación de las recomendaciones internacionales.

La organización ha reiterado su “solidaridad incondicional” con Naâma Asfari y ha expresado su apoyo a sus reivindicaciones, así como a las del resto de presos saharauis detenidos en cárceles marroquíes. Asimismo, ha advertido sobre los riesgos que esta acción puede suponer para su estado de salud, indicando que mantiene un contacto permanente con su familia.

El caso de Naâma Asfari se inscribe en la situación más amplia de los presos políticos saharauis, especialmente los del grupo de Gdeim Izik, cuya detención y condena han sido objeto de denuncias reiteradas por parte de organismos internacionales y organizaciones de derechos humanos.

FiSahara 2026: el derecho al retorno, la voz internacional y la apertura al mundo árabe

El FiSahara 2026 pone el foco en el derecho al retorno, la dimensión internacional del festival y su apertura al mundo árabe.

AUSERD (Campamentos de la Dignidad), 30 de abril de 2026 (SPS) — La XIX edición del Festival Internacional de Cine del Sáhara Occidental (FiSahara), que se celebra estos días en la wilaya de Auserd, sitúa en el centro de su programación el derecho al retorno, al tiempo que refuerza su dimensión internacional y amplía su alcance hacia nuevas audiencias, especialmente en el mundo árabe.

La directora ejecutiva del festival, María Carrión, ha subrayado que esta edición está “muy enfocada en el derecho al retorno”, con el objetivo de “colocar ese derecho en el centro de todos los demás derechos”. En este sentido, ha explicado que el festival no solo aborda la situación del Sáhara Occidental, sino que conecta la causa saharaui con otras luchas de pueblos que enfrentan ocupaciones, desposesión de tierras, explotación de recursos y procesos de borrado cultural.

Carrión ha destacado además la dimensión internacional del FiSahara, con la participación de personas de unas veinte nacionalidades entre periodistas, artistas y público. “El público internacional es muy valioso, porque viene para conocer al pueblo saharaui”, ha afirmado. Esta edición incorpora también un enfoque de diálogo entre causas, con especial atención al pueblo palestino y la participación del pueblo sami, estableciendo paralelismos entre realidades geográficas distintas pero marcadas por dinámicas similares de colonización y resistencia.

En ese contexto, el violinista y activista Ara Malikian, presente por primera vez en los campamentos, ha explicado que su participación responde a la necesidad de conocer de primera mano la realidad saharaui. “Para que gente como yo, que no sabemos nada, podamos dar voz a la causa saharaui”, ha señalado en declaraciones a SPS.

El artista ha destacado la hospitalidad del pueblo saharaui y ha reconocido la dificultad de comprender una situación que se prolonga desde hace décadas sin resolución. Asimismo, ha establecido un paralelismo con la historia del pueblo armenio, recordando que el genocidio sufrido hace más de un siglo sigue sin ser plenamente reconocido a nivel internacional, lo que, en su opinión, refleja cómo determinadas causas permanecen invisibilizadas por razones políticas.

Malikian ha valorado también el papel de las mujeres saharauis, subrayando su “fuerza” y su capacidad de liderazgo en la vida social y política, y ha destacado el carácter singular de su participación en el festival, donde ofrecerá un concierto en un contexto muy diferente al habitual.

Por su parte, el actor, productor y activista español Guillermo Toledo ha puesto el acento en la evolución del festival y en su creciente proyección internacional. Ha señalado que el FiSahara ha pasado de estar centrado principalmente en el cine español a abrirse a propuestas más vinculadas a los derechos humanos y a la autodeterminación de los pueblos.

En este sentido, ha considerado “fundamental” la apertura hacia el mundo árabe, al señalar que una parte significativa de estas sociedades aún desconoce la causa saharaui. “Cuando conozcan la causa del Sáhara Occidental, van a estar con el Sáhara Occidental”, ha afirmado.

Toledo ha destacado además el carácter único del FiSahara como festival de cine que se celebra en un campamento de refugiados, y ha valorado la continuidad de sus diecinueve ediciones como un indicador de su consolidación. Asimismo, ha apuntado al contexto internacional actual como un posible factor de cambio, al considerar que la visibilidad de otras causas puede abrir nuevas oportunidades para la causa saharaui.

El festival, que se celebra del 28 de abril al 3 de mayo bajo el lema “Caminando a nuestra tierra: la esperanza radical del retorno”, refuerza así su papel como espacio de encuentro entre cultura, derechos humanos y solidaridad internacional, en un contexto marcado por la persistencia del conflicto y la reivindicación del derecho del pueblo saharaui a regresar a su tierra.

LA LECTURA DEL DÍA — redes y prensa sobre el Sáhara Occidental (30 de abril de 2026)

Análisis de prensa del Sáhara Occidental: España, EE.UU., Canadá y el relato mediático del conflicto hoy.

Por Carlos C. García (Plataforma NO TE OLVIDES DEL SÁHARA OCCIDENTAL)

Hoy, la actualidad del Sáhara Occidental no se concentra en una sola noticia dominante.
Lo que aparece es algo más interesante: un conjunto de señales que, juntas, permiten entender hacia dónde se mueve —o se intenta mover— el conflicto.


España: cuando la nacionalidad deja de ser el centro

Uno de los enfoques más relevantes del día lo aporta El Independiente, al recoger la posición del Frente Polisario:
👉 no se reclama la nacionalidad española como objetivo, sino la conclusión del proceso de descolonización.

Este matiz cambia el marco del debate en España.
La ley en discusión en el Congreso deja de ser el punto de llegada y pasa a ser una consecuencia de algo más profundo.

🔎 Leer más:
https://www.elindependiente.com/internacional/2026/04/30/el-frente-polisario-no-le-reclama-a-espana-la-nacionalidad-para-los-saharauis-solo-exigimos-su-responsabilidad-de-concluir-el-proceso-de-descolonizacion/

En paralelo, elDiario.es amplía esa tensión política con las declaraciones de Bucharaya Hamudi, que cuestiona la coherencia del Gobierno español en relación con el Sáhara Occidental.

🔎 Leer más:
https://www.publico.es/internacional/valores-democraticos-ensenan-europa-aplican-saharauis.html


Estados Unidos: presión sin cambio de marco

Las agencias sitúan hoy a Estados Unidos como actor activo en el escenario diplomático.

EFE recoge las declaraciones de Christopher Landau, que insiste en una solución “pacífica” pero también “en un plazo razonable”, en plena gira por Argelia y Marruecos.

🔎 Leer más:
https://efe.com/mundo/2026-04-29/eeuu-solucion-pacifica-sahara/

Sin embargo, más allá del tono, no hay modificación sustancial del marco político.


Canadá y el efecto dominó diplomático

Otra de las novedades destacadas del día es el posicionamiento de Canadá, que varios medios —Europa Press, Infobae o HuffPost— recogen como un respaldo al plan de autonomía marroquí.

🔎 Leer más:
https://www.infobae.com/espana/2026/04/29/canada-acepta-el-plan-de-autonomia-de-marruecos-para-el-sahara-occidental/?outputType=amp-type

Este movimiento no cambia el marco jurídico del conflicto, pero sí contribuye a una tendencia:
👉 la acumulación de apoyos políticos en torno a una solución concreta, frente al enfoque del referéndum defendido por el Frente Polisario.


Sociedad civil: lo que permanece cuando baja el foco político

Mientras tanto, el FiSahara sigue generando cobertura en medios como ABC o Infobae, consolidándose como uno de los espacios más estables de visibilidad internacional del pueblo saharaui.

🔎 Leer más:
https://www.abc.es/espana/cine-campamentos-refugiados-saharauis-motivo-19a-edicion-20260429183335-nt.html

🔎 Más:
https://www.infobae.com/america/agencias/2026/04/29/campamentos-de-refugiados-saharauis-acogen-festival-de-cine-fisahara-tras-2-anos-de-paron/

A ello se suman iniciativas locales, actividades solidarias y dinámicas culturales que no marcan agenda política…
pero que sostienen la continuidad del conflicto en el plano social.


Cierre: lo que realmente se está moviendo

Hoy no hay un giro claro en el conflicto del Sáhara Occidental.
Pero sí hay una convergencia de dinámicas que merece atención:

👉 España vuelve a enfrentarse a su responsabilidad de fondo
👉 Estados Unidos intenta acelerar el proceso sin cambiar sus bases
👉 nuevos actores internacionales se posicionan
👉 y el relato mediático se vuelve más disputado

Y en medio de todo eso, el elemento esencial permanece sin resolver:
el derecho del pueblo saharaui a decidir su futuro.

Sáhara Occidental: Rusia, Namibia y Zimbabue reafirman el apoyo internacional al derecho de autodeterminación

El escenario internacional del Sáhara Occidental vuelve a registrar movimientos significativos en distintos frentes diplomáticos, con señales que apuntan a una continuidad del respaldo al proceso de autodeterminación del pueblo saharaui en el marco de Naciones Unidas.

En Moscú, el Ministerio de Asuntos Exteriores de la Federación de Rusia ha reiterado la necesidad de alcanzar “una solución justa y mutuamente aceptable” para el Sáhara Occidental, subrayando que cualquier avance debe basarse en las resoluciones del Consejo de Seguridad y en los principios de la Carta de Naciones Unidas. Esta posición se produjo en el marco de una reunión entre el director del Departamento de Organizaciones Internacionales, Kirill Logvinov, y una delegación del Frente Polisario encabezada por Mohamed Yeslem Beisat. Durante el encuentro, ambas partes abordaron la situación actual del conflicto y las posibles vías para reactivar el proceso político.

Este posicionamiento de Rusia se alinea con una línea diplomática que, sin introducir novedades formales, mantiene el énfasis en el marco multilateral de la ONU como referencia para cualquier solución, en un contexto internacional marcado por intentos de redefinir los equilibrios en la región.

En paralelo, en el ámbito africano, la presidenta de Namibia, Netumbo Nandi-Ndaitwah, recibió en Windhoek al enviado especial del presidente saharaui, Ubbi Buchraya. Durante la reunión, la jefa de Estado reafirmó la “solidaridad de Namibia con el pueblo del Sáhara Occidental” y destacó la importancia de continuar el proceso de descolonización liderado por Naciones Unidas. El encuentro sirvió también para reforzar las relaciones bilaterales y confirmar la continuidad del apoyo namibio a la causa saharaui, en línea con la trayectoria histórica del país en los procesos de liberación africanos.

La dimensión africana del respaldo internacional se refuerza igualmente en Europa, donde la embajadora de Zimbabue en Alemania, Alice Machengaidsa, reiteró el apoyo “inquebrantable” de su país al derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación y la independencia, durante una reunión con el representante del Frente Polisario en Berlín. Ambas partes coincidieron en la necesidad de avanzar hacia una solución justa y duradera conforme al derecho internacional, en el marco de una relación diplomática que se remonta a 1980.

Estos movimientos, producidos en distintos espacios geográficos —Europa, África y Eurasia—, reflejan una continuidad en el reconocimiento político y diplomático del conflicto del Sáhara Occidental como un proceso de descolonización pendiente, más allá de las dinámicas coyunturales que dominan otros ámbitos del debate internacional.

Sin introducir cambios inmediatos en el terreno, este tipo de contactos y posicionamientos consolidan un elemento clave del conflicto: la persistencia de una red de apoyos internacionales que mantiene vigente el marco jurídico de la autodeterminación, en un momento en el que el proceso político sigue sin avances sustanciales.

Fuente: Sahara Press Service

Sáhara Occidental: los drones marroquíes en el centro de una nueva forma de guerra sin presencia terrestre

El uso de drones en el Sáhara Occidental se consolida como parte de una nueva forma de guerra sin presencia terrestre.

Por Carlos C. García

El uso de drones en el Sáhara Occidental no es un fenómeno aislado ni anecdótico. Forma parte de una evolución más amplia de los conflictos en el norte de África y el Sahel, donde la proyección de fuerza sin presencia terrestre se está consolidando como una herramienta central.

Un reciente análisis de Akram Kharief, publicado por Rosa Luxemburg Stiftung y analizado por NO TE OLVIDES DEL SAHARA OCCIDENTAL, sitúa el caso saharaui dentro de este patrón regional: ataques a distancia, identificación de objetivos desde el aire y ausencia de verificación independiente sobre el terreno.

Un escenario documentado: ataques y víctimas

Los datos más sistemáticos sobre el Sáhara Occidental proceden de la Oficina Saharaui de Coordinación de la Acción contra las Minas (SMACO). Según sus informes, desde la reanudación de las hostilidades en noviembre de 2020 se han documentado decenas de ataques con drones marroquíes contra civiles, con centenares de víctimas.

Algunas estimaciones hablan de más de 90 ataques y cerca de 300 víctimas civiles, incluidas aproximadamente un centenar de muertes.

Otros informes más recientes sitúan la cifra en más de 160 víctimas en ataques documentados en territorios al este del muro.

El perfil de las víctimas es relevante: comerciantes en rutas transfronterizas, mineros artesanales, pastores nómadas o transportistas. Es decir, población civil que opera en espacios de baja densidad institucional.

El factor clave: ausencia de control terrestre

El elemento que distingue el caso saharaui no es únicamente el uso de drones, sino el contexto en el que se emplean.

Al este del muro —una barrera militar de más de 2.700 kilómetros— Marruecos no dispone de presencia terrestre efectiva. Esto implica que la identificación de objetivos depende en gran medida de vigilancia aérea, sin verificación directa sobre el terreno.

Este patrón no es exclusivo del Sáhara Occidental. En Mali, por ejemplo, investigaciones de Naciones Unidas sobre el ataque de Bounti (2021) mostraron cómo la ausencia de tropas sobre el terreno condicionó la identificación del objetivo, con víctimas civiles documentadas.

Pero en el caso saharaui, esa ausencia es estructural, no puntual.

Drones y cambio de paradigma militar

Desde 2020, tras la ruptura del alto el fuego, el conflicto ha evolucionado hacia una guerra de baja intensidad marcada por el uso de drones, que ha reforzado la superioridad tecnológica marroquí.

Este cambio tiene implicaciones estratégicas:

  • Permite ataques en profundidad sin exposición de tropas
  • Amplía el radio de acción sobre zonas remotas
  • Reduce el coste político interno de las operaciones
  • Dificulta la atribución y la rendición de cuentas

En paralelo, Marruecos ha reforzado su capacidad militar mediante la adquisición de drones de distintos proveedores internacionales, integrándolos en su estrategia de control del territorio.

Impacto sobre el territorio y la población

Más allá de las cifras, los informes coinciden en señalar efectos estructurales:

  • Alteración de rutas comerciales y de movilidad
  • Riesgo creciente para actividades económicas como la minería artesanal
  • Desplazamiento de población en zonas próximas
  • Destrucción de vehículos, ganado e infraestructuras básicas

Según SMACO, los ataques han contribuido incluso a desplazamientos masivos de población y a la pérdida de medios de subsistencia en comunidades nómadas.

Este impacto no responde únicamente a operaciones militares puntuales, sino a una transformación del espacio en el que se desarrolla la vida civil.

Un patrón regional más amplio

El análisis de Kharief encuadra el caso saharaui dentro de una lógica común en el Sahel y el norte de África:

  • Uso de drones en zonas con débil presencia estatal
  • Identificación de objetivos basada en comportamiento observado desde el aire
  • Escasa o nula supervisión independiente
  • Dificultad para investigar ataques y establecer responsabilidades

En este contexto, el Sáhara Occidental aparece como uno de los casos más claros de aplicación continuada de este modelo.

Una dimensión poco visible del conflicto

El conflicto del Sáhara Occidental suele analizarse en términos diplomáticos o jurídicos: Naciones Unidas, resoluciones, procesos de negociación.

Sin embargo, sobre el terreno se consolida otra realidad: una dinámica militar en la que el control del espacio no se ejerce solo mediante presencia física, sino también a través de vigilancia y capacidad de ataque a distancia.

Esa dimensión, menos visible, es la que empieza a documentarse con mayor precisión en informes recientes.

Y es, probablemente, una de las claves para entender la evolución actual del conflicto.

Sáhara Occidental: Europa entre el derecho y los intereses – Francia y la Unión Europea

La Unión Europea y Francia mantienen una posición ambigua en el Sáhara Occidental, entre el respeto al derecho internacional y los intereses estratégicos en la región.

El papel de Francia y de la Unión Europea en el Sáhara Occidental refleja una tensión constante: el equilibrio entre el respeto al derecho internacional y los intereses políticos, económicos y estratégicos en el norte de África.

En el conflicto del Sáhara Occidental, Europa ocupa una posición singular. A diferencia de Estados Unidos, cuya actuación responde principalmente a criterios geopolíticos, la Unión Europea está formalmente vinculada a un marco jurídico que reconoce al territorio como pendiente de descolonización.

Sin embargo, esa base legal convive con una práctica política más ambigua. En el caso de Francia, su apoyo a Marruecos ha sido constante en el ámbito diplomático, especialmente en el seno del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, donde París ha actuado en numerosas ocasiones como un aliado clave de Rabat.

En el ámbito comunitario, la situación no es menos compleja. La Unión Europea ha tenido que adaptar sus acuerdos comerciales con Marruecos tras diversas sentencias del Tribunal de Justicia que excluyen explícitamente al Sáhara Occidental de dichos acuerdos. Estas decisiones han obligado a redefinir instrumentos jurídicos, evidenciando la tensión entre legalidad y práctica política.

Este equilibrio inestable se traduce en una posición europea que oscila entre el reconocimiento formal del marco jurídico internacional y la defensa de relaciones estratégicas con Marruecos. La política migratoria, la cooperación en materia de seguridad y los intereses económicos influyen directamente en esta postura.

El resultado es una ambigüedad estructural. Europa no puede ignorar el derecho internacional sin contradecir sus propios principios, pero tampoco parece dispuesta a adoptar una posición que altere sus equilibrios políticos en la región.

Europa no decide el conflicto, pero condiciona su evolución. La tensión entre derecho e intereses explica una posición que, más que resolver, contribuye a mantener el statu quo.

Marruecos, sucesión y continuidad: qué significa para el Sáhara Occidental

Un reciente análisis publicado por Africa Intelligence apunta a un elemento que suele permanecer fuera del foco mediático: la creciente implicación del príncipe heredero Moulay el-Hassan en la gestión de los asuntos del Estado marroquí. Más allá del interés por la evolución interna del régimen, esta cuestión abre una pregunta relevante en clave regional: ¿qué implica la continuidad del poder en Marruecos para el futuro del Sáhara Occidental?

👉 Leer más:
https://www.africaintelligence.fr/afrique-du-nord/2026/04/13/dans-l-ombre-du-roi-la-route-de-moulay-el-hassan-vers-le-trone,110701139-ge0

El texto describe un proceso cuidadosamente controlado por el entorno del rey Mohammed VI, en el que el heredero va asumiendo progresivamente visibilidad institucional y responsabilidades, sin que ello suponga una ruptura con el modelo político existente. La formación del príncipe, su exposición pública y la configuración de su entorno responden a una lógica clara: garantizar la continuidad del sistema.

Este punto es esencial. En Marruecos, las grandes orientaciones estratégicas no dependen únicamente de las personas, sino de una estructura de poder consolidada en torno a la monarquía. Y dentro de esa estructura, la cuestión del Sáhara Occidental ocupa un lugar central.

Desde esta perspectiva, la eventual transición entre Mohammed VI y su heredero no apunta a un cambio de fondo en la política marroquí respecto al territorio. El Sáhara no es un expediente diplomático más: es una doctrina de Estado, un eje de legitimidad interna y un elemento estructural de la política exterior del reino.

Por ello, cualquier lectura sobre el futuro del conflicto que se apoye en cambios personales corre el riesgo de simplificar en exceso la realidad. La continuidad institucional en Marruecos implica, previsiblemente, continuidad también en sus posiciones sobre el Sáhara Occidental.

Esto no significa que no puedan producirse ajustes en el estilo, en la comunicación o en la gestión diplomática. Pero el marco general —la defensa de la posición marroquí sobre el territorio— difícilmente se verá alterado por una transición dinástica.

En un momento en el que el Sáhara Occidental vuelve a situarse en el centro de ciertos movimientos internacionales, conviene tener en cuenta este factor de fondo: los cambios en la superficie no siempre implican cambios en la estructura.

Porque, en el caso de Marruecos, la política sobre el Sáhara no se hereda solo en el trono. Se mantiene en el sistema.

Saharauis fuera de la regularización: una exclusión que no es técnica, es política

La exclusión de las personas apátridas —entre ellas muchos saharauis— de la regularización extraordinaria aprobada en España abre una cuestión de fondo que va más allá de lo administrativo: revela una anomalía jurídica persistente y una decisión política que evita afrontar la responsabilidad histórica sobre el Sáhara Occidental.

La reciente regularización extraordinaria aprobada por el Gobierno español ha dejado fuera a un grupo especialmente vulnerable: las personas apátridas. Entre ellas, los saharauis. No se trata de un detalle menor ni de un vacío técnico. Es una decisión con consecuencias jurídicas y políticas que merece ser observada con atención.

Diversas voces han advertido ya de esta exclusión. Desde el entorno del Frente Polisario en Catalunya se ha calificado como una “humillación”, mientras que en el ámbito parlamentario también se han registrado críticas y peticiones de rectificación. Más allá de las declaraciones, el dato es claro: quienes no tienen una nacionalidad reconocida quedan fuera de un mecanismo diseñado precisamente para corregir situaciones de irregularidad administrativa.

El problema de fondo no es nuevo. La situación de los saharauis en España está marcada por una anomalía jurídica persistente: muchos de ellos no son considerados plenamente ciudadanos de ningún Estado, pese a la responsabilidad histórica y jurídica que España mantiene sobre el Sáhara Occidental. Esta realidad se traduce, en la práctica, en mayores obstáculos para acceder a derechos básicos, desde la residencia hasta la protección social.

En este contexto, la exclusión de los apátridas de la regularización no puede leerse como un simple criterio administrativo. Tiene implicaciones más profundas. Supone, de hecho, consolidar una diferencia de trato que afecta directamente a una población que, en el caso saharaui, mantiene vínculos históricos evidentes con España.

Desde una perspectiva política, la decisión encaja en una tendencia más amplia: evitar abordar de manera directa la cuestión saharaui en el ámbito interno. La política exterior y la política migratoria convergen aquí en un punto delicado, donde cualquier medida que afecte a los saharauis termina teniendo una lectura que va más allá de lo estrictamente técnico.

El resultado es una paradoja difícil de sostener: mientras se adoptan medidas excepcionales para regularizar a miles de personas, se deja fuera precisamente a quienes encarnan de forma más clara las consecuencias de un proceso de descolonización inconcluso.

Lo ocurrido no es un error de diseño, sino una señal. La exclusión de los saharauis de la regularización revela hasta qué punto la cuestión del Sáhara Occidental sigue condicionando decisiones internas en España. No se trata solo de migración: es, en última instancia, una forma de gestionar —o de evitar— una responsabilidad jurídica y política que sigue sin resolverse.

Sahel en ruptura: Mali, Kidal y el impacto de la inestabilidad sobre el Sáhara Occidental

La caída de Kidal en Mali refleja la creciente inestabilidad del Sahel y su impacto indirecto en el conflicto del Sáhara Occidental.

La reciente caída de Kidal en manos de una coalición de rebeldes tuareg y grupos yihadistas marca un punto de inflexión en la crisis de Mali y, por extensión, en la dinámica del Sahel. No se trata únicamente de un episodio militar más, sino de un síntoma de descomposición progresiva de un Estado que ya venía mostrando signos de fragilidad estructural desde hace años.

La toma de Kidal tiene un valor que va más allá de lo territorial. Se trata de un enclave simbólico y estratégico que había sido presentado por la junta militar de Bamako como uno de los grandes logros de su alianza con actores externos, especialmente Rusia. Su pérdida, rápida y con escasa resistencia, pone en cuestión tanto la capacidad operativa del Estado maliense como la eficacia de sus socios en el terreno.

Pero lo más significativo no es solo la caída de la ciudad, sino la naturaleza de la ofensiva. La coordinación entre movimientos tuareg y la filial de Al Qaeda en el Sahel confirma una convergencia táctica que, aunque ya se intuía, ahora se hace explícita. Este tipo de alianzas, más pragmáticas que ideológicas, responden a una lógica de desgaste: no buscan necesariamente controlar todo el territorio, sino fragmentar el poder estatal, romper las líneas logísticas y generar un escenario de inestabilidad permanente.

En este contexto, Mali deja de ser un actor estable para convertirse en un espacio en disputa constante. El bloqueo de rutas, los ataques a convoyes y la presión sobre infraestructuras clave apuntan a una estrategia prolongada en el tiempo, orientada a asfixiar al Estado más que a sustituirlo. La retirada o debilitamiento de actores externos, como los grupos vinculados a Rusia, añade un elemento adicional de incertidumbre.

Este deterioro tiene implicaciones directas más allá de las fronteras malienses. El Sahel, lejos de estabilizarse, entra en una nueva fase en la que las dinámicas de conflicto se expanden y se interconectan. En ese escenario, el Sáhara Occidental no queda al margen.

Desde hace años, Marruecos ha intentado vincular la cuestión saharaui con la lucha contra el terrorismo en el Sahel, presentándose como un actor clave en la estabilidad regional. La intensificación de la inseguridad en países como Mali refuerza ese discurso, aunque no lo legitima jurídicamente. Al mismo tiempo, la volatilidad del entorno regional condiciona las posiciones de actores internacionales, que tienden a priorizar la seguridad y la estabilidad frente a otros principios.

Sin embargo, esta lectura tiene límites claros. La inestabilidad en el Sahel no resuelve el conflicto del Sáhara Occidental ni modifica su naturaleza jurídica como proceso de descolonización pendiente. Lo que sí hace es alterar el contexto en el que se desarrolla, introduciendo nuevos elementos de presión y nuevas variables en la toma de decisiones de los actores implicados.

Además, el debilitamiento de Estados en el entorno saheliano abre interrogantes sobre el futuro de las rutas, los equilibrios estratégicos y la proyección de influencia en toda la región. En ese tablero, el control del territorio, el acceso al Atlántico y la gestión de los flujos migratorios adquieren una dimensión aún más relevante.

La caída de Kidal, por tanto, no es un episodio aislado. Es una señal de que el Sahel sigue siendo uno de los espacios más inestables del sistema internacional, y de que esa inestabilidad tiene efectos que se proyectan hacia el norte, alcanzando también al conflicto del Sáhara Occidental.

En un momento en el que la atención internacional parece reactivarse en torno a este último, conviene no perder de vista el contexto regional en el que se inscribe. Porque, en el Magreb y el Sahel, los equilibrios nunca son estancos: lo que ocurre en un punto del mapa acaba influyendo, tarde o temprano, en el conjunto.