El nuevo Gobierno colombiano ha decidido modificar de manera inmediata la posición que había mantenido el país durante la presidencia de Gustavo Petro respecto al Sáhara Occidental. Apenas iniciado su mandato, Bogotá anuncia el reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el territorio y abre una etapa completamente distinta en sus relaciones con la cuestión saharaui.
El cambio es importante, pero conviene situarlo en su verdadera dimensión. Colombia puede cambiar su política exterior; no puede cambiar la naturaleza jurídica del Sáhara Occidental. El territorio continúa inscrito por Naciones Unidas entre los territorios no autónomos pendientes de descolonización y su pueblo conserva un derecho a la autodeterminación que no desaparece porque un Gobierno decida reconocer las pretensiones de la potencia ocupante.
Resulta especialmente significativo que el giro llegue después de que Colombia restableciera en 2022 sus relaciones con la República Saharaui. En apenas cuatro años se pasa de recuperar esos vínculos a abrazar una posición exactamente contraria. Más que una evolución del expediente saharaui, estamos ante un cambio político en Bogotá y una nueva orientación de sus alianzas internacionales.
El cambio adquiere además una relevancia inmediata en Naciones Unidas. Colombia ocupa desde enero de 2026 un asiento no permanente en el Consejo de Seguridad, que mantendrá hasta finales de 2027, y participará por tanto en la próxima discusión sobre el Sáhara Occidental. El mandato actual de la MINURSO expira el 31 de octubre de 2026, de modo que el nuevo Gobierno colombiano tendrá voto dentro de menos de tres meses cuando el Consejo vuelva a pronunciarse sobre la misión y sobre el marco político del proceso. El giro de Bogotá deja así de ser únicamente una decisión bilateral de política exterior y pasa a tener consecuencias potenciales en el órgano de Naciones Unidas que mantiene el expediente saharaui bajo examen.
Habrá que esperar ahora a la declaración formal anunciada por el Gobierno colombiano y comprobar si el reconocimiento de la soberanía viene acompañado también de una ruptura de relaciones con la República Saharaui como aseguran varias fuentes, pero no la declaración del vicepresidente que se adjunta en vídeo.
Una cosa puede decirse ya: ha cambiado Colombia. El estatuto pendiente del Sáhara Occidental, no.
