Volvía a casa con la cabeza llena de arena y la guardia baja. La noche anterior no había pegado ojo y llevaba la mirada risueña del ñu que se entretiene con una brizna de hierba fresca justo antes de que se lo zampen los leones. Dos policías argelinos se dieron un codazo al verme. Me […]
a través de Te debo otra, Messi, por Xavier Aldekoa, en La Vanguardia — Conavegación
